Cómo transferir un proyecto de Framer al cliente y quién paga el plan

·8 min de lectura

Por Agustín Dell'Aquila

FramerEntregaClientes

En Framer un proyecto se le entrega al cliente de dos maneras, y conviene elegir cuál al principio y no al final. La primera —la más común— es que vos construyas todo dentro de tu propia cuenta y después uses la transferencia de proyecto: le mandás la transferencia al mail del cliente, él la acepta desde su cuenta de Framer, el proyecto pasa a su espacio de trabajo y a partir de ahí el plan del sitio lo paga él. La segunda es al revés: el cliente ya tiene cuenta y plan, crea el proyecto en su espacio y te invita a vos como colaborador; ahí nunca sos el dueño y no hay nada que transferir al terminar. Las dos funcionan. Lo que no funciona es no haber decidido, porque entonces la conversación sobre quién paga el plan aparece el día de la entrega, que es el peor día posible.

Escribo esto porque es la pregunta que más se repite en el campus, y porque el problema casi nunca es técnico. La transferencia en sí son cinco minutos. Lo que cuesta es que el cliente entienda qué le estás pidiendo, para qué, y por qué de golpe tiene que poner una tarjeta.

Por qué esto se decide antes de construir, no después

Pensá en el escenario que se da solo si no hacés nada: trabajaste tres semanas, el sitio quedó lindo, se lo mostrás, le encanta, y entonces le decís "ahora creá una cuenta en Framer, contratá un plan y aceptá la transferencia". Para el cliente esa frase es un costo nuevo que no estaba en el presupuesto y una plataforma que no conoce, apareciendo justo cuando él creía que ya estaba todo terminado. Aunque tengas toda la razón, quedaste vos como el que improvisó.

Y hay una razón más concreta: cuando el proyecto se transfiere, el plan que vos tenías sobre ese sitio se cancela. Framer convierte el tiempo no usado en crédito para tu cuenta, así que no perdés esa plata, pero el sitio necesita que el nuevo dueño active su propio plan del lado de él. Si el cliente no lo hace, las cosas que dependen del plan —el dominio propio, por ejemplo— quedan colgando. Eso no es un problema si lo hablaste antes. Es un incendio si lo descubrís juntos ese día.

Así que la regla es simple: la conversación de la cuenta y el plan va en la primera reunión, al lado de la de plazos y presupuesto. No es incómoda. Es la misma charla que cualquier estudio tiene sobre el hosting.

Camino A: construís en tu cuenta y transferís al final

Es el camino por defecto, y con razón. Mientras construís, no dependés de que el cliente te dé accesos, no dependés de que su cuenta esté bien configurada, y podés trabajar desde el minuto cero.

Cómo funciona, en concreto:

  1. Creás el proyecto en tu espacio de trabajo y lo hacés entero ahí.
  2. Cuando está aprobado, iniciás la transferencia. Hoy vive en el menú de Framer (el logo arriba a la izquierda) → FileTransfer Project.
  3. Ponés el mail del cliente y elegís si querés quedarte como editor. Quedate como editor: es lo que te permite seguir dándole soporte después sin pedir permisos otra vez.
  4. El cliente recibe un mail, entra a su cuenta de Framer —o la crea si no tiene— y confirma la transferencia.
  5. El proyecto aparece en el espacio del cliente. Ahí él elige y activa el plan del sitio.

Dos cosas que conviene saber para poder prometerlas sin miedo: el sitio no se cae durante la transferencia, y el dominio propio que ya estaba conectado sigue funcionando. Y una limitación práctica: la transferencia la puede iniciar el dueño del proyecto o un administrador del espacio de trabajo, no cualquier colaborador. Si trabajás con alguien más, que el proyecto esté a nombre de quien va a hacer la entrega.

Camino B: el cliente ya tiene plan y te invita a vos

Pasa cuando el cliente ya usa Framer, cuando es una empresa con su propio espacio de trabajo, o cuando administración quiere que la facturación salga a nombre de la empresa desde el día uno.

Acá el orden se da vuelta: el cliente crea la cuenta, crea el proyecto, contrata el plan y te invita a vos por mail con permisos de edición. Vos trabajás adentro de su espacio. Al terminar no hay transferencia: simplemente le pedís que te saque o te deje como colaborador, según lo que hayan acordado para el mantenimiento.

Es más limpio administrativamente, pero tiene un costo real: no podés empezar hasta que el cliente haga su parte. Y el cliente típico no sabe qué es un espacio de trabajo ni dónde está el botón de invitar. Ese retraso —una semana perdida esperando una invitación— es exactamente lo que hay que evitar.

La página que le mandás al cliente

Para no explicar lo mismo por WhatsApp en cada proyecto, armé una guía corta para clientes, con los cuatro pasos que necesitan: crear la cuenta de Framer, personalizar el proyecto, elegir el plan e invitar al diseñador. Está escrita para alguien que nunca vio Framer en su vida, con las capturas de dónde está cada cosa —la configuración está en el engranaje de arriba a la derecha, la invitación sale de la foto de perfil— y con un detalle que ahorra dolores de cabeza: al elegir plan hay que quedarse en el plan personal y no meterse en el de empresa. Abajo tiene además guías sueltas sobre qué es un espacio de trabajo, cómo crear páginas y qué es el CMS, por si el cliente se entusiasma. Está en español y también en inglés, en getstarted.framer.website, si tu cliente es de afuera.

Qué acordar antes de escribir la primera línea

Esto es lo que separa una entrega tranquila de una entrega con discusión. Cinco puntos, por escrito, en la propuesta:

  • Quién es el dueño de la cuenta al terminar. Siempre el cliente. Un sitio del cliente viviendo para siempre en tu cuenta no es un servicio, es una correa.
  • Quién paga el plan del sitio y desde cuándo. Lo normal es que lo pague el cliente desde la entrega. Escribilo con esas palabras. Los planes y los precios de Framer cambian con el tiempo, así que no fijes un número en la propuesta: fijá quién paga.
  • Qué pasa con tu acceso después. ¿Te quedás como editor para soporte? ¿Por cuánto tiempo? ¿Eso se cobra?
  • A nombre de quién va el dominio. El dominio siempre a nombre del cliente, comprado por él o transferido a él. Sin excepciones.
  • Qué es mantenimiento y qué no. Que el cliente pueda editar textos no significa que vos vayas a hacérselo gratis para siempre.

Y un detalle de tiempo: si el cliente va a pagar el plan, no le pidas que lo contrate el primer día. Pedile que cree la cuenta el primer día —eso es gratis y tarda dos minutos— y que contrate el plan recién cuando el sitio esté aprobado y vaya a publicarse. Es más fácil de vender y evita que pague un mes de algo que todavía no existe.

Errores que se repiten

  • Transferir sin avisar. El cliente recibe un mail raro de una plataforma que no conoce, no lo entiende, y no lo acepta. Avisale por el canal donde hablan, antes de mandarlo.
  • Quedarte como dueño "para simplificar". Un año después el cliente quiere trabajar con otro, y vos sos el cuello de botella. Nunca termina bien.
  • No quedarte como editor. El otro extremo: transferís, te vas del proyecto entero, y a los tres días te piden un cambio de una línea y no tenés acceso.
  • Suponer que el cliente sabe lo que es un espacio de trabajo. No lo sabe. Nadie fuera del rubro lo sabe.
  • Dejar el dominio a tu nombre. El error más caro de la lista, y no tiene nada que ver con Framer.
  • Descubrir el día de la entrega que administración necesita factura a nombre de la empresa. Preguntalo en la primera reunión.

En resumen

Elegí la dirección de la entrega al principio: o construís en tu cuenta y transferís, o el cliente arma su espacio y te invita. Dejá por escrito quién paga el plan y desde cuándo, quién es dueño de la cuenta y del dominio, y qué acceso te queda después. Mandale al cliente una guía en vez de explicarle Framer por chat. Y cuando llegue el momento de transferir, avisale primero, quedate como editor, y confirmá con él que activó su plan antes de dar el proyecto por cerrado.

En Akila Web Campus los cursos de Framer cubren el proceso completo hasta la publicación, y en la comunidad hay gente haciendo entregas todas las semanas: si tenés un caso raro —un cliente con espacio de trabajo de empresa, un dominio que ya estaba en otro lado— es el lugar para preguntarlo antes de improvisar.

Volver al blog