Cómo armar un portfolio de diseño web cuando todavía no tenés clientes

·7 min de lectura

Por Agustín Dell'Aquila

PortfolioFreelancePrimeros clientes

Para armar un portfolio de diseño web sin clientes necesitás tres proyectos, no doce, y cada uno tiene que estar hecho para un negocio que existe de verdad —aunque no te haya contratado— y contado como un caso: qué problema tenía, qué decidiste y por qué. Un portfolio no demuestra que sabés usar Framer o Figma; demuestra que entendés un negocio ajeno lo suficiente como para que te confíen el suyo. Y eso se puede probar antes del primer cliente pago.

El problema real no es la falta de clientes

Casi todos los portfolios de gente que arranca fallan por lo mismo, y no es la falta de experiencia: es que muestran pantallas en vez de decisiones.

Una grilla de mockups flotando sobre un fondo degradado responde a la pregunta "¿esto se ve lindo?". El cliente que te está evaluando tiene otra pregunta en la cabeza: "¿esta persona va a entender mi negocio o me va a entregar algo bonito que no me sirve?".

La buena noticia es que la segunda pregunta se contesta con texto y criterio, no con clientes. Y el texto es gratis.

Regla uno: tres proyectos, no doce

Un portfolio con doce trabajos irregulares se lee al nivel del peor de los doce. Tres proyectos completos, bien contados, se leen al nivel del mejor.

Tres también es la cantidad justa para cubrir lo que tenés que demostrar sin repetirte:

  • Uno que muestre rubro. Idealmente del tipo de cliente que querés atraer. Si querés trabajar con estudios de arquitectura, que haya un estudio de arquitectura.
  • Uno que muestre alcance técnico. Algo con CMS, con un formulario que funciona de verdad, con estados vacíos, con una versión mobile pensada y no apretada.
  • Uno que muestre criterio. Un rediseño donde puedas explicar qué estaba roto y por qué tu versión lo arregla.

Si tenés más trabajos, no los tires: guardalos para mandar a un cliente puntual cuando venga al caso. El portfolio público son tres.

De dónde sacar esos tres sin mentir

Esta es la parte donde mucha gente inventa una marca ficticia con un nombre inventado y un producto que no existe. Se nota, y no convence: si el negocio no existe, no hay problema real que resolver y el caso queda vacío.

Cuatro fuentes que sí funcionan:

1. El rediseño de un negocio que conocés. El gimnasio al que vas, la panadería de la esquina, el estudio contable de tu tía. Negocios reales, con sitios reales que suelen estar mal. Podés ver el sitio actual, entender qué vende, qué está roto y proponer una versión mejor. No necesitás permiso para diseñar una propuesta, solo honestidad al presentarla: es un ejercicio de rediseño, no un trabajo contratado, y así se etiqueta.

2. Un proyecto real a cambio de algo que no sea plata. Un negocio pequeño que te deje trabajar con acceso real a su información —qué le preguntan los clientes, qué le compran, qué no funciona— a cambio de un precio bajo o de un intercambio. Lo que buscás acá no es la plata: es el acceso al problema real y el permiso para contar el caso.

3. Una organización sin fines de lucro. Suelen tener necesidad real, poco presupuesto y cero burocracia para decidir. Poné condiciones desde el principio (alcance, plazo, rondas) igual que con un cliente pago: además del proyecto, estás practicando el proceso.

4. Algo propio que sí exista. Una plantilla, un componente, una herramienta chiquita, un sitio para un proyecto tuyo. Tiene una ventaja que ningún ejercicio te da: está online, se usa, y podés hablar de decisiones que sobrevivieron al contacto con usuarios reales.

Si tenés que elegir una sola, elegí la primera. El rediseño de un negocio que conocés no depende de que nadie te diga que sí, lo podés empezar hoy, y como conocés el negocio de primera mano vas a poder escribir el contexto y el problema sin inventarlos. Las otras tres son mejores cuando ya tenés un caso y querés sumar variedad.

Lo único que no se negocia, venga de donde venga el proyecto, es cómo lo etiquetás. Un rediseño no pedido se presenta como rediseño conceptual; un intercambio se presenta como proyecto real, porque lo fue. Nadie te va a descartar por decir que un caso fue un ejercicio: te descartan cuando descubren que dijiste que era un cliente y no lo era.

Cómo se escribe un caso

Un caso son cuatro bloques cortos. No es un ensayo y no lleva un párrafo de "el cliente buscaba una identidad fresca y moderna".

Contexto en dos líneas. Qué es el negocio, a quién le vende, qué pasaba antes. Ejemplo: "Estudio de arquitectura, obras residenciales, conseguía casi todo por recomendación. El sitio anterior mostraba planos pero no explicaba cómo trabajar con ellos."

El problema, concreto. Una sola frase, y que sea un problema de negocio, no de estética. "Nadie sabía cuánto costaba empezar" es un problema. "El diseño estaba desactualizado" es una opinión.

Dos o tres decisiones, con el por qué. Esta es la parte que te contrata. No "usé una tipografía serif": por qué esa decisión resuelve el problema de arriba. Poner el formulario de contacto al final de cada obra, y no solo en la página de contacto, porque el momento de mayor interés es justo después de ver un proyecto terminado. Eso es criterio, y se puede demostrar sin cliente.

El resultado, dicho con honestidad. Si tenés números reales, van acá. Si no los tenés —y en un rediseño no pedido no los vas a tener— no los inventes: escribí qué mejoró de forma verificable. "El sitio pasó de tres pantallas sin jerarquía a un recorrido con un solo llamado a la acción por sección" es verdad y es suficiente. Un número inventado te descalifica el día que alguien pregunta de dónde salió.

Cómo mostrar cada proyecto

El orden dentro de la página de un caso importa tanto como el texto. Arriba de todo va una imagen del sitio terminado, entera y sin perspectiva: nadie contrata a alguien cuyo trabajo hay que adivinar dentro de un mockup en diagonal. Debajo va el texto del caso, y recién después el recorrido visual, sección por sección, con una línea que explique qué resuelve cada una.

Dos detalles que separan un caso bien armado de uno apurado: mostrá la versión mobile de al menos dos pantallas —es donde va a entrar la mayoría de los visitantes del cliente— y mostrá al menos un estado que no sea el ideal: un formulario enviado, un listado vacío, un mensaje de error. Diseñar el día perfecto lo hace cualquiera.

Y cerrá cada caso con la misma pregunta con la que abriste el portfolio: ¿cómo se contrata a esta persona? Un botón, visible, al final de cada proyecto.

Cinco errores que hunden un portfolio nuevo

  • No decir para quién trabajás. "Diseño web" no es posicionamiento. "Sitios en Framer para negocios de servicios" ya le dice a alguien si sos para él.
  • Mockups sin sitio. Si el proyecto está publicado, poné el link. Un sitio que se puede abrir vale por diez imágenes.
  • Esconder el contacto. Un solo llamado a la acción, visible, repetido. La cantidad de portfolios donde no se entiende cómo contratar a la persona es alarmante.
  • Tu propio sitio lento o roto en mobile. Es literalmente la muestra de trabajo. Si tu portfolio tarda en cargar, ya contestaste la pregunta.
  • Esperar a "tener algo mejor". El portfolio que existe con tres proyectos gana siempre contra el perfecto que sigue en borrador.

Dónde vive

Tu portfolio propio es el activo: dominio tuyo, control total, es la muestra de lo que sabés hacer. Pero no lo dejes solo. Los perfiles en plataformas donde los clientes ya están buscando —Contra es la que más uso— tienen algo que tu sitio no tiene: tráfico que no depende de vos.

La combinación que funciona es sitio propio como pieza central, perfiles actualizados apuntando a él, y los mismos tres casos contados en los dos lados.

Empezá esta semana

Elegí un negocio que conozcas, abrí su sitio, escribí en una línea qué problema tiene y diseñá la versión que lo resuelve. Contalo con los cuatro bloques de arriba. Eso es un caso, y con dos más ya tenés un portfolio.

En Akila Web Campus esta parte no la hacés a ciegas: podés subir tu portfolio a la comunidad y recibir feedback de otros freelancers que están en lo mismo y del propio Agustín, antes de mandárselo a un cliente. Y en la sección de trabajos aparecen oportunidades reales publicadas por los miembros, que es el lugar natural para estrenarlo.

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