Cuánto cobrar por una página web siendo freelance
Por Agustín Dell'Aquila
Una página web freelance se cobra por proyecto, no por hora, y el número sale de tres cosas: el alcance real del trabajo, tu piso (el mínimo que necesitás para que el proyecto valga la pena) y lo que ese sitio le va a permitir hacer al cliente. No existe un precio de referencia universal que puedas copiar: existe un método para llegar a tu precio y sostenerlo en la reunión. Eso es lo que vas a encontrar acá.
Por qué "¿cuánto cobro?" casi nunca tiene una sola respuesta
Cuando alguien pregunta cuánto cobrar por una landing, en realidad está preguntando dos cosas distintas al mismo tiempo: ¿cuánto vale este trabajo? y ¿cuánto me van a aceptar sin decirme que soy caro?
La segunda pregunta es la que arruina presupuestos. Te lleva a mirar lo que cobra un desconocido en un grupo de Telegram, restarle un poco para "asegurar" el proyecto, y terminar con un número que no cubre ni las rondas de revisión que ya sabés que van a llegar.
El precio de una web no es una propiedad de la web. Es una propiedad del proyecto: quién es el cliente, qué necesita resolver, con cuánta información llega, cuántas personas van a opinar y para cuándo lo necesita. La misma cantidad de secciones puede ser un trabajo de una semana o de dos meses según esas variables. Por eso "una landing sale X" es una frase que no significa nada hasta que preguntás.
Los tres modelos de cobro (y cuándo usar cada uno)
Por hora
Cobrás tu tiempo. Es el modelo más fácil de explicar y el peor alineado con tu propio interés: cuanto mejor te volvés, más rápido resolvés, y menos cobrás por el mismo resultado. Además obliga al cliente a vigilar tu reloj en lugar de discutir el trabajo.
Sirve para un caso concreto: trabajo continuo y sin forma definida. Mantenimiento, cambios sueltos, "necesito que estés disponible este mes". Ahí el modelo por hora —normalmente vendido como una bolsa de horas cerrada, no como horas sueltas— es honesto para las dos partes.
Por proyecto
Cobrás un entregable definido por un precio cerrado. Es el modelo por defecto para sitios web y el que deberías usar en la enorme mayoría de tus propuestas. El cliente sabe cuánto va a pagar, vos sabés cuánto vas a cobrar, y la conversación deja de ser sobre tu velocidad para pasar a ser sobre el alcance.
La condición para que funcione: el alcance tiene que estar escrito. Cantidad de páginas, cantidad de rondas de revisión, quién escribe los textos, quién consigue las fotos, qué pasa si aparece una sección nueva a mitad de camino.
Por valor
Cobrás en función de lo que el proyecto le permite ganar o ahorrar al cliente. Es el modelo con más techo y el que más contexto requiere: solo podés usarlo si el cliente puede decirte qué vale para él un lead, una reserva o una venta más por semana. Si no tiene ese número, no hay valor que calcular y volvés a proyecto.
No es un modelo para tu primer año. Es el destino, no el punto de partida.
Cómo calcular tu piso
El piso es el número por debajo del cual un proyecto te deja peor de lo que estabas. No es tu precio; es el límite que te dice cuándo decir que no. Se calcula con tus propios números, no con los de nadie más:
- Cuánto necesitás facturar por mes. Gastos de vida, más herramientas (Framer, Figma, dominio, tipografías, lo que uses), más impuestos, más el porcentaje que apartás para los meses flojos. Este número es tuyo y nadie te lo puede discutir.
- Cuántas horas realmente vendibles tenés. No son 160. Descontá prospección, propuestas, reuniones, administración y aprendizaje. La parte del mes que podés facturar es bastante menor de lo que parece.
- Dividí. Ese cociente es tu costo por hora vendible. No es tu tarifa: es lo que te cuesta a vos existir una hora.
- Estimá el proyecto en horas y multiplicá. Con una condición: estimá el proyecto completo, incluyendo reuniones, revisiones, la puesta online y la semana posterior en la que siempre aparece algo.
El resultado es tu piso para ese proyecto. Tu precio va arriba de ahí, y cuánto más arriba depende del riesgo (¿el cliente tiene el contenido?, ¿cuántos deciden?), de la urgencia y del valor.
Si nunca hiciste este cálculo, hacelo hoy aunque sea a mano. La cantidad de freelancers que cobran por debajo de su piso sin saberlo es el problema silencioso de este trabajo.
Buscá anclas reales, no rumores
Una vez que tenés tu piso, lo que te falta es contexto: saber en qué rango se mueve el trabajo parecido al tuyo. El peor lugar para buscarlo es un grupo de chat, donde nadie muestra el alcance del proyecto ni cuánto tardó, y donde el número que más se repite es el que más barato suena.
El mejor lugar son los estudios y freelancers que publican su precio de arranque en su propio sitio. Un "desde X" publicado es información con nombre y apellido: alguien la sostiene, y viene acompañada de una descripción de qué incluye. Juntá cinco o seis de esos, del tipo de cliente al que apuntás, y vas a tener un rango mucho más honesto que cualquier encuesta.
Dos cosas a tener en cuenta al leerlos. Primero, un "desde" es un piso de entrada, no el promedio de lo que esa persona factura: los proyectos reales casi siempre terminan arriba. Segundo, compará contra alcances equivalentes —una landing con textos provistos no es un sitio de ocho páginas con CMS—, porque si no estás comparando dos trabajos distintos con el mismo nombre.
Y una conclusión práctica del mismo ejercicio: publicar tu propio precio de arranque filtra consultas antes de que te hagan perder una reunión. Es incómodo la primera semana y ahorra meses.
Qué define el precio además del diseño
Cuando dos presupuestos por el mismo sitio se diferencian en tres veces, casi nunca es por la calidad visual. Es por esto:
- Alcance escrito. Cinco páginas es un dato. "Un sitio institucional" no lo es.
- Rondas de revisión. Dos rondas incluidas, la tercera se cotiza aparte. Sin este límite, el proyecto no termina nunca.
- Contenido. Si vos escribís los textos, es otro trabajo y se cobra aparte. La espera del contenido del cliente es la causa número uno de proyectos que se estiran.
- Plazo. Una entrega urgente desplaza otros trabajos y eso tiene precio.
- Decisores. Un cliente es una conversación. Un comité son cinco opiniones que se contradicen y dos rondas más.
- Después de publicar. Decí explícitamente qué incluye el proyecto una vez online y qué empieza a ser mantenimiento.
Cada uno de estos puntos es una línea en tu propuesta. Un presupuesto que los deja implícitos no es más simpático: es más frágil.
Cómo presentar el número
Mandar un precio suelto por mensaje es la forma más rápida de que te comparen solo por precio. Tres cosas que cambian la conversación:
Presentalo en una llamada, no en un PDF a ciegas. Explicás el alcance, decís el número, y te callás. El silencio incómodo después del precio es parte del trabajo.
Ofrecé tres opciones, no una. Una versión reducida, la recomendada y una ampliada. El cliente deja de decidir "sí o no" y pasa a decidir "cuál". Además, la opción de arriba hace que la del medio se lea como razonable.
Escribí el precio junto a lo que resuelve. No "diseño y desarrollo de sitio web: $X", sino qué va a poder hacer el cliente cuando el sitio esté online que hoy no puede hacer.
Los tres errores que más caros salen
Bajar el precio en vez de bajar el alcance. Si el presupuesto no entra, sacás páginas, sacás una ronda, sacás la sección de blog. Lo que no hacés es entregar lo mismo por menos: eso le enseña al cliente que tu primer número era inventado.
Cobrar todo al final. Un anticipo antes de empezar no es desconfianza, es la forma normal de trabajar. Sin anticipo, el proyecto es tuyo hasta que el cliente decida que le interesa.
Confundir "caro" con "no lo entendí". Muchas veces la objeción de precio es una objeción de alcance disfrazada. Antes de negociar el número, volvé a explicar qué incluye.
Empezá por tu piso
Si te llevás una sola cosa: no salgas a cotizar sin haber calculado tu piso. Ese número te da algo que ninguna técnica de venta reemplaza, que es saber exactamente cuándo decir que no.
En Akila Web Campus hay una herramienta llamada Tarifario que hace justamente esto: estimás horas y precio para un tipo de proyecto y lo comparás con lo que están cobrando otros miembros de la comunidad, en vez de con lo que dice un desconocido en internet. Está adentro del campus junto a los módulos de captación de clientes y comunicación con el cliente, que son las dos piezas que hacen que un precio bien calculado además se cierre.
