Cómo escribir una propuesta de diseño web que se cierre
Por Agustín Dell'Aquila
Una propuesta de diseño web que se cierra no es un presupuesto con el logo más lindo: es un documento corto —dos a cuatro páginas— que abre repitiendo el problema del cliente con sus propias palabras, sigue con lo que va a pasar cuando el sitio esté online, y recién después muestra alcance, opciones, plazos y precio. El orden importa más que el diseño. Una propuesta que arranca con "sobre mí" y termina con un número está pidiendo que la comparen solo por precio; una que arranca con el problema del cliente está pidiendo una decisión.
Qué es realmente una propuesta
No es una cotización y no es un contrato.
Una cotización responde "cuánto sale". Un contrato define qué pasa si algo se rompe. Una propuesta hace otra cosa: le demuestra al cliente que entendiste su problema mejor que la persona que le mandó un PDF genérico, y le da una forma cómoda de decir que sí.
De ahí salen dos consecuencias prácticas. La primera: no se puede escribir una propuesta sin haber tenido una conversación. Si no hablaste con el cliente, lo único que podés mandar es una lista de precios. La segunda: la propuesta se escribe con las palabras del cliente, no con las tuyas. Si en la llamada dijo "me escriben todo el día para preguntar precios", esa frase va en la propuesta tal cual. Leerse citado es la forma más rápida de sentirse entendido.
La estructura de siete bloques
1. El problema, en sus palabras
Tres o cuatro líneas. Nada de introducción, nada de agradecimientos largos.
"Hoy la mayoría de tus consultas llegan por Instagram y terminan en una conversación privada donde explicás lo mismo cada vez: qué incluye el servicio, cuánto tarda y desde cuánto sale. El sitio actual no responde ninguna de esas tres cosas, así que no te filtra nada."
Si el cliente lee eso y piensa "exacto", ya ganaste la mitad de la conversación. Y si no lo pensás vos, es señal de que te falta una llamada más antes de cotizar.
2. El objetivo
Una frase con el resultado esperado, en términos del negocio y no del diseño. "Que quien llegue al sitio entienda el servicio, vea el rango de precios y llegue al formulario sin escribirte." Nada de "una web moderna y funcional".
3. La propuesta de solución
Acá explicás qué vas a hacer y por qué, sin entrar todavía en la lista de entregables. Es el bloque donde se ve tu criterio: la estructura que proponés, qué va primero, qué decisión resuelve cada parte del problema de arriba.
Es también el bloque que más se saltea, y por eso la mayoría de las propuestas se leen como un catálogo. Dos párrafos alcanzan.
4. El alcance
Ahora sí, la lista. Secciones, plataforma, si hay CMS, formularios, integraciones, versión mobile, puesta online.
Y debajo, con el mismo tamaño de letra: lo que no incluye. Redacción de textos, producción de fotos, identidad de marca, carga masiva de contenido, mantenimiento posterior. Escribir las exclusiones no te hace ver mezquino: te hace ver como alguien que ya hizo esto antes.
5. Las opciones
Tres, no una. Es el cambio individual que más impacto tiene en la tasa de cierre, porque transforma la pregunta.
Con una sola opción, el cliente decide "sí o no". Con tres, decide "cuál", y en el camino te dice qué valora.
- Esencial. Lo mínimo que resuelve el problema de arriba. Menos secciones, sin CMS, una ronda de revisión.
- Recomendada. La que vos harías. Es la que va marcada, la que describís con más detalle y donde va la mayoría.
- Ampliada. La recomendada más lo que el cliente probablemente va a necesitar después: más secciones, CMS, seguimiento, mantenimiento incluido los primeros meses.
Un detalle de forma: que las tres opciones se diferencien por alcance, nunca por calidad. La opción barata no es "el mismo sitio pero peor hecho". Es un sitio más chico.
6. Plazos y forma de trabajo
Hitos, no una fecha mágica: kickoff, entrega de diseño, devolución del cliente, implementación, revisión, publicación. Cada uno en días hábiles desde el paso anterior, para que quede claro que el reloj también depende de él.
Sumá acá una línea sobre las rondas de revisión y otra sobre qué necesitás para arrancar (textos, fotos, accesos). La propuesta es el mejor lugar para poner esas condiciones, porque todavía no son un reclamo.
7. Precio, pago y próximo paso
El número con la moneda, el cronograma de pagos (anticipo, intermedio, saldo antes de publicar) y hasta cuándo vale la propuesta.
Y lo último, siempre: qué tiene que hacer el cliente ahora. Una sola instrucción concreta. "Si te sirve la opción recomendada, respondeme este mail y te mando el acuerdo y la factura del anticipo." Una propuesta que termina en "quedo a disposición" delega en el cliente la tarea de descubrir cómo contratarte.
Cuánto tiene que medir
Corta. Dos a cuatro páginas.
La tentación es al revés: agregar una sección "sobre mí", una de metodología con seis pasos con nombres inventados, otra de "por qué elegirme". Todo eso empuja el precio a la página nueve y le da al cliente ocho páginas para perder interés antes de llegar a la decisión.
Si querés incluir trabajos anteriores, poné dos links, no doce imágenes. Y ponelos después del alcance, no antes: en ese punto el cliente ya está evaluando si podés hacerlo, y ahí el portfolio es evidencia. Al principio es distracción.
Cómo se manda
No la mandes sola. Una propuesta que se presenta en una llamada de quince minutos se cierra mucho mejor que una que se manda y se espera. En la llamada explicás el razonamiento, decís el número y te callás.
Si no hay llamada posible, mandá un mail corto. Tres líneas: qué entendiste, cuál de las tres opciones te parece la indicada para él y por qué, y el próximo paso. El documento va adjunto o linkeado, pero el mail tiene que poder leerse solo.
Poné una fecha de validez. No como truco de urgencia, sino porque es cierto: los precios cambian y tu calendario también. "Esta propuesta vale por catorce días" es una frase razonable que además evita que te acepten una cotización de hace ocho meses.
Hacé seguimiento dos veces. Uno a los tres o cuatro días, otro a la semana y media. Sin disculpas y sin insistir: "¿pudiste verla? ¿Hay algo que quieras que ajuste?". Después de eso, dejá el tema descansar. La cantidad de proyectos que se pierden por no escribir un segundo mail es alta y no tiene ninguna justificación.
Cinco errores que hunden una propuesta buena
- Abrir hablando de vos. El cliente no está evaluando tu biografía, está evaluando si su problema se va a resolver.
- Una sola opción. Convierte la conversación en un sí o no.
- Precio sin alcance al lado. Un número suelto solo se puede comparar contra otro número suelto.
- Adjetivos en lugar de cantidades. "Sitio completo" no es alcance. "Cinco secciones más blog con CMS" sí.
- No decir qué sigue. Si el cliente tiene que averiguar cómo contratarte, muchas veces no lo hace.
Armá la tuya una sola vez
La propuesta no se escribe de cero cada vez. Se escribe una vez bien, con los siete bloques, y después de cada proyecto se cambian el problema, el alcance, las opciones y los números. Si te lleva más de una hora prepararla, algo está mal en la plantilla y no en el proyecto.
En Akila Web Campus el módulo de comunicación con el cliente y el de captación cubren las dos mitades de esta cadena: conseguir la conversación que hace posible escribir la propuesta, y conducir la llamada donde la presentás. Y para la parte del número, el Tarifario del campus te deja estimar horas y precio de un proyecto y comparar contra lo que están cobrando otros miembros, en vez de contra un rumor. Si estás armando la tuya esta semana, ese es un buen lugar para empezar.
