Cómo cobrarle a clientes del exterior siendo freelance en Latinoamérica
Por Agustín Dell'Aquila
Para cobrarle a un cliente del exterior siendo freelance en Latinoamérica hay cuatro caminos: transferencia bancaria internacional, plataformas de pago para trabajo remoto, pasarelas de cobro con tarjeta, y las plataformas de contratación que cobran por vos y después te liberan el dinero. Ninguno es "el mejor": el correcto depende del tamaño del proyecto, del país del cliente, de qué medios acepta y de cómo necesitás recibir la plata para poder facturarla en tu país. Lo que sí vale para todos es esto: la decisión se toma antes de aceptar el proyecto, no cuando llega la primera factura.
Antes de seguir, una aclaración que no es un descargo sino la única forma honesta de escribir sobre esto: las comisiones, los tipos de cambio, los límites y las reglas fiscales cambian por país y cambian seguido. Nada de lo que sigue reemplaza a un contador de tu país. Lo que este artículo te da es el mapa de decisiones y las preguntas que hay que hacer.
Por qué esto se decide antes
Un proyecto internacional puede quedar en la nada por una razón absurda: acordaron todo, el cliente quiere pagar, y no hay un medio en común. O peor: cobrás, y descubrís que entre comisiones, conversión y el camino que tuvo que hacer la plata para llegar a tu cuenta, el proyecto valió bastante menos de lo que decía el presupuesto.
Las dos situaciones se evitan con una conversación de cinco minutos en la primera reunión. No es una charla incómoda; es la misma pregunta que hacés sobre plazos.
Cuatro caminos, en orden de fricción
1. Transferencia bancaria internacional
Del banco del cliente a tu banco. Es el mecanismo más tradicional y el que más se usa cuando el cliente es una empresa formal.
A favor: al cliente le resulta familiar, no depende de que se abra una cuenta en ningún servicio, y para montos grandes suele ser el camino más limpio administrativamente.
En contra: es el más lento, suele haber comisiones en los dos extremos y a veces en bancos intermedios, y el tipo de cambio con el que te acreditan no lo elegís vos.
Cuándo conviene: proyectos grandes, clientes corporativos, relaciones de largo plazo.
2. Plataformas de pago para trabajo remoto
Servicios pensados para mandar y recibir dinero entre países, con cuentas de recepción en distintas monedas. Son la opción por defecto de mucha gente que trabaja con el exterior.
A favor: rápidas, con costos generalmente más previsibles que la banca tradicional, y le dan al cliente una forma de pagar parecida a una transferencia local.
En contra: dependés de las reglas del servicio —qué países soporta, qué verificación pide, cómo y cuándo te deja retirar—, y esas reglas cambian.
Cuándo conviene: el caso más común del freelance, proyectos de tamaño medio, clientes individuales o empresas chicas.
3. Pasarelas de cobro con tarjeta o link de pago
Le mandás al cliente un link, paga con tarjeta y vos recibís.
A favor: es lo más cómodo para el cliente, sobre todo si es un negocio chico. Reduce muchísimo la fricción del primer pago, que es donde más proyectos se caen.
En contra: es el camino con comisión más alta de los cuatro, y existe la posibilidad de un contracargo semanas después.
Cuándo conviene: anticipos, montos chicos, servicios con precio fijo, y clientes a los que cualquier otra cosa les daría pereza.
4. Plataformas de contratación freelance
El cliente contrata a través de la plataforma, la plataforma retiene el dinero y te lo libera cuando el trabajo se entrega. Contra es la que más usamos en el campus, y hay varias más.
A favor: el pago está garantizado antes de que empieces, tenés un marco de resolución si algo sale mal, y para un cliente nuevo del exterior es la forma más fácil de que confíe en alguien que no conoce.
En contra: la plataforma se lleva su parte y define las reglas, y a veces te empuja a competir por precio.
Cuándo conviene: primeros proyectos internacionales, clientes que no te conocen, y cualquier caso donde el riesgo de impago te preocupe más que la comisión.
Las cinco preguntas que van en la primera reunión
Metelas junto con las de plazo y presupuesto. Ninguna suena rara:
- ¿Desde qué país y con qué figura pagan? Empresa registrada y persona particular no tienen las mismas opciones ni los mismos tiempos.
- ¿Qué medios de pago usan habitualmente? Casi siempre ya tienen uno, y la respuesta te ahorra la negociación entera.
- ¿Necesitan algún documento particular? Factura con formato específico, orden de compra, algún formulario fiscal, datos de tu empresa. Enterarte de esto cuando ya entregaste es lo que atrasa el cobro un mes.
- ¿Cuál es su plazo de pago habitual? Muchas empresas pagan a treinta días desde la recepción de la factura. Si no lo sabés, vas a creer que te están atrasando cuando no.
- ¿En qué moneda cotizamos? Definila y dejala escrita.
La cláusula de moneda y comisiones
Dos líneas en la propuesta, que evitan las dos discusiones más frecuentes:
"Los montos están expresados en dólares estadounidenses. Las comisiones bancarias o de la plataforma de pago corren por cuenta del cliente: el monto acreditado debe ser el indicado en la factura."
La segunda parte es la importante. Sin ella, la comisión te la comés vos, y en un proyecto grande no es una diferencia menor.
Si el cliente insiste en pagar en su moneda local, se puede, pero entonces fijá el tipo de cambio de referencia y la fecha en la propuesta. Lo que no funciona es dejarlo indefinido: entre la cotización y el pago pasan semanas.
Cómo se ve una factura para el exterior
Sin entrar en la forma que exige cada país, hay datos que casi cualquier cliente internacional espera encontrar:
- Tus datos completos y tu identificación fiscal.
- Los datos del cliente tal como él te los dio, sin adivinar.
- Número de factura y fecha.
- Descripción del servicio en su idioma —normalmente inglés—, no en jerga.
- Moneda explícita en cada monto, no solo un signo de dólar.
- Condiciones de pago: vencimiento y medio.
- Los datos de cobro completos y bien copiados.
Y una recomendación aburrida que evita problemas: mandá la factura con el entregable, el mismo día del hito, y al mail que el cliente te diga que usa administración. Una factura que llega tarde o al contacto equivocado se paga tarde, siempre.
Errores que se pagan caro
- Cotizar en dólares y no aclararlo. El signo de dólar significa cosas distintas en varios países de la región. Escribí las tres letras.
- Aceptar el medio de pago que el cliente proponga sin verificar que funciona para vos. Comprobalo antes de firmar, no cuando llegue la plata.
- Absorber las comisiones sin haberlo previsto. Es el descuento silencioso más común del trabajo internacional.
- No cobrar anticipo porque el cliente es del exterior. Al revés: cuanto más lejos y más nuevo, más importa el anticipo.
- Improvisar la parte fiscal. Trabajar con el exterior tiene implicancias impositivas en cada país, y son distintas para cada figura. Una consulta con un contador cuesta mucho menos que un error acumulado durante un año.
- Cobrar todo por una sola vía. Si el único medio que usás deja de funcionar en tu país, te quedás sin cobrar. Tener una segunda opción operativa es prudencia básica.
La parte que no es de dinero
Trabajar con clientes de otros países agrega dos fricciones que no tienen nada que ver con el pago y que igual conviene resolver desde el principio.
El huso horario. Definí una franja de coordinación y dejala escrita en la propuesta. Si te movés entre Buenos Aires, Madrid y Nueva York, tener una vista rápida de las tres horas evita el ida y vuelta eterno para agendar una llamada; en las herramientas del campus hay una de zonas horarias justamente para eso.
El idioma. Si trabajás en inglés, escribí menos y más claro. La propuesta y los mails de proyecto no son el lugar para lucirse: son el lugar para que no queden dudas.
En resumen
Elegí dos medios de cobro que funcionen para vos, preguntá en la primera reunión cuál le sirve al cliente, dejá la moneda y las comisiones por escrito, cobrá anticipo igual que a cualquier cliente, y hablá con un contador de tu país una vez por año. Con eso, cobrarle a alguien de afuera deja de ser un tema y vuelve a ser lo que es: una transferencia.
En Akila Web Campus el módulo de captación de clientes está enfocado en las plataformas donde hay demanda internacional real, que es el otro lado de este mismo problema: primero conseguir el cliente de afuera, después cobrarle bien. Y en la comunidad hay gente trabajando desde Argentina, México, Colombia, Chile y España, así que las preguntas de "¿esto cómo lo hacés desde acá?" tienen a quién dirigirse.
